La dieta humana

Evolución de la dieta humana

El análisis de la dieta humana y su evolución revela que hasta principios de 1900, la dieta humana solo contenía alrededor del 25 % de grasa en total. Desde entonces, los hábitos alimenticios comenzaron a cambiar lentamente como consecuencia directa de la industrialización y la comercialización de los suministros alimenticios, así como resultado del rápido crecimiento de la población. Hoy en día, podemos ver cómo la dieta occidental ha incrementado la media de la ingestión de grasa en un asombroso 40 %.

Y es que el consumo de grasa no solo aumentó gravemente, sino que la proporción entre las grasas saturadas y las grasas poliinsaturadas también se ha duplicado. Actualmente estamos consumiendo el doble de grasas saturadas que hace apenas 100 años. Para empeorar aún más las cosas, ha aumentado también la proporción de Omega-6 respecto a Omega-3. Lo que antes era una proporción de Omega-6 a Omega-3 de 1:1, ahora es una proporción de Omega-6 a Omega-3 de 20:1.

Muchos creen que este cambio en nuestra dieta nos pone en riesgo de muchas enfermedades "occidentales". Teniendo en cuenta el cambio en nuestra relación de Omega-6 a Omega-3 y los cambios en la respuesta del sistema inmunológico que se crea, es fácil comprender el incremento del riesgo en los trastornos crónicos del corazón, la piel, las articulaciones y el cerebro. Un aumento de 20 veces en Omega-6 proinflamatorio frente a Omega-3 está destinado a tener un impacto negativo.

Llegados a este punto, es lógico pensar que tenemos dos opciones: disminuir nuestro consumo de grasas Omega-6 o aumentar nuestro consumo de aceite de pescado con Omega-3. Por suerte, nunca antes hemos tenido tantas opciones como hoy en día de incluir en nuestra dieta aceite de pescado con Omega-3 altamente concentrado. Algunos de los beneficios siguiendo una proporción correctamente equilibrada son:

Mejora el flujo sanguíneo

Protege las paredes de los vasos sanguíneos
Aumenta el Colesterol HDL o “colesterol bueno”
Ayuda a mantener el normal funcionamiento del corazón
Apoya las respuestas del sistema inmune en nuestras articulaciones y piel
Tiene efectos positivos en el desarrollo, mantenimiento y funcionamiento de nuestro cerebro, nuestra visión y nuestros nervios

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